Alquimia
2003
















Enrique Garnica para armar
El mundo de la creación como fuego cruzado.
Juan Carlos Hidalgo
Sin un orden interno, la experimentación es un desastre superficial.
Siempre hay un orden. Después de todo, el caos no es más que otro tipo de orden.
Frank Gehry
Arquitecto
Enrique fagocita su propia obra, -la creada con anterioridad- para gestar nuevas imágenes plagadas de elementos añadidos: números, textos fragmentados, gráficos, personajes históricos e incluso datos complementarios.
Alquimia, se desprende del proyecto de investigación “Arqueología de las imágenes” y es el título de la nueva aventura de Garnica, artista multidisciplinar.
Son obras generadas mediante un ordenador a partir de fotografías, recortes, -citas académicas y populares-, dibujos y trazos propios, en las que apuesta por evitar el anquilosamiento y la repetición con respecto a sus antecesores trabajos.
Ha optado por habitar el mundo sin abandonar la aldea, de ahí que la relación con la tecnología se convierta en un vaso comunicante con una sociedad globalizada, -amada y odiada simultáneamente-.
Ha dejado atrás una obra mural que albergaba fuertes dosis de crítica social y una etapa pictórica dedicada a auscultar lo grotesco para sumergirse en la práctica de la composición digital. Es un avezado y magnifico dibujante a pulso que somete su habilidad a las amplísimas posibilidades que el ordenador ofrece.
En éste contexto se debate el más reciente reto plástico de Enrique Garnica (Pachuca, Hgo. 1959), utilizar la tecnología no como un anacrónico intento de vanguardia sino como un recurso más, inherente a la actualidad y aunado a la transformación de los grandes formatos en lienzos potencialmente inmensos.
Realiza piezas que suscitan reflexiones propias de la antropología visual. Son una aglutinación de imágenes procedentes tanto de los medios audiovisuales, -de la transformación de sus lenguajes-, como de la academia occidental del arte y la iconografía universal de la mitología y la religión.
Ha construido una maquina plástica capaz de cambiar el estado de putrefacción de sus componentes; un aparato de reciclaje para la percepción, dado que dentro nada permanece intacto, el movimiento constante de varios universos simbólicos multiplica los signos y sus significados.
Las obras nos exigen hurgar en su interior y encontrar en toda esa maraña multicultural los elementos para expresar la propia vida y ocupar un lugar en el mundo.
Alquimia en su conjunto investiga, explora, disecta. Teniendo como telón de fondo el planteamiento de una renovada concepción del humanismo. Una licuadora gráfica y filosófica que contiene un batido con colores y formas procedentes de variados tiempos y culturas.
El artista como cazador, como un hacker iconográfico.
Enrique no pretende ser un espectador pasivo de lo que sucede en el mundo, su trabajo intenta ser un centro de debate, una referencia en torno a la libertad –de expresión y de creación-.
A nivel internacional, durante los ochentas existió una vinculación obscena del dinero entorno al arte. Una década después hubo una cierta resurrección del formalismo. Existen indicios que nos llevan a pensar que durante los años por venir se renueve la relación entre el arte y la política.
Luego entonces, un artista no es un decorador ni un bufón, no tiene porque ocultar las miserias ni entretener a los poderosos. Un artista pone el dedo en la llaga, aborda las contradicciones de su época.
Garnica ha hecho de la actividad plástica un instrumento de combate y denuncia; un frente para criticar con rabia el demacrado estado de las cosas. El arte público, la carga ideológica, los movimientos sociales y el artista como militante son ciertos paradigmas que inciden sobre la conciencia de este creador mexicano. Sabe que estos conceptos se redefinen dialécticamente.
Ni todo ha sido dicho ni todo está hecho. Si esta frase es válida para la sociedad también lo es para el arte.
La elegancia es una rara habilidad.
Garnica combina de forma magistral realidad y fantasía yuxtaponiendo variados pasajes cognoscitivos que han transformado al mundo y sus imágenes, en ese desafío se entremezcla la ambigüedad de la vida y las pasiones.
A través de los años, sus estructuras narrativas se muestran aparentemente más complejas. Establece, además, un juego de variaciones, que lo mismo incluyen referentes teológicos y místicos que modestas huellas de la existencia cotidiana; entrelaza tiempos y épocas diversas mientras se mueve entre la frontera de lo expresable y lo inexpresable, a bordo de un vehículo cargado de ironía.
Alquimia contiene obras que registran con intensidad la seca poesía y la violencia –explicita o aludida- del entorno cotidiano, con sus espacios para lo mediático y lo íntimo.
El artista interroga sobre la complejidad de la realidad: ¿qué procesos la estructuran?, ¿con qué medios podemos comprenderla? Salvando bastante bien la dificultad de plantear visualmente esta cuestión, sin simplificarla y sin caer tampoco en una aturdidora prolijidad.
Así, Enrique se suma a un importante grupo de coetáneos interesados en crear una nueva sintaxis artística de fecundo y prolongado efecto. Simbolistas, expresionistas, cubistas, futuristas, hiperrealistas, y un largo etcétera, participaron, y participan, en la promoción de un arte integrador, que no sólo afectó a los plásticos, sino que también convirtió a músicos como Schönberg en pintores. Garnica utiliza un sistema de composición inspirado en la música, tan es así que secretamente desarrolla sus propias composiciones.
Con toda y esa gran influencia, durante el avance del proyecto no perdió jamás de vista el patrón pictórico, aunque sean otras las herramientas. El soporte digital le permite trabajar obras susceptibles de ser ampliadas a grandes formatos o impresas en superficies discretas. En ambos casos existe un equilibrio entre obra y soporte.
Son sistemas universales de representación que, pese a su implícita asepsia técnica, filtran a la par una latente resonancia emotiva. Códigos gráficos en los que el creador expone un mestizaje explicito; donde acota la geografía sentimental, errática y fragmentada de un desterrado, de un ciudadano del mundo.
El resultado es una exposición plagada de sugerencias, de hilos conductores, que al ser tirados por el espectador dejan caer numerosas referencias culturales. Y lo que es más importante, no sólo presentan un mundo de referencias creativas, sino que constituyen diferentes maneras de establecer complicidades entre ellas.
Esta serie contiene la plasticidad de la música y la literatura, la poesía de la imagen, lo mitológico del diseño, utópicos pasajes cinematográficos congelados. Es el resultado de una batalla intensa en el terreno de lo plástico y en la que la creación es sentida como si de fuego cruzado se tratara.
El trabajo de Enrique Garnica, ferozmente inteligente, es regido por una fuerza plástica en su lenguaje que parece fustigar tanto a la superficie que la contiene como al espectador.
Estamos pues en el siglo XXI. Esta convención nos permite en estos momentos mirar como un ciclo pasado todo lo que ha acontecido artísticamente en la centuria anterior y plantearnos preguntas tan recurrentes, tan obvias, de tan incierta respuesta, pero tan estimulantes como: ¿qué será del arte?
Concebir y crear una obra es como echar ácido corrosivo
sobre las ideas que cuadriculan la realidad.
Alquimia para los ojos
Magaly Elizabeth Cruz de Nicolás
El artista plástico Enrique Garnica presenta su nuevo proyecto Arqueología de las imágenes a través de su exposición Alquimia. Uno de los principales objetivos de Garnica es promover la gráfica digital en el estado de Hidalgo, y hacer patente la importancia de esta técnica dentro de la producción plástica mundial. En ella intenta apartar las imágenes de un tema central que genere un discurso teórico previo, para “recuperar el placer, la frescura, la espontaneidad y la flexibilidad” (en palabras del propio autor) que su trabajo requiere.
La formación autodidacta de Garnica le permite una actitud y una apropiación de la imagen distinta a la de un artista académico. Su obra nace, tanto del acervo visual que, a través del proceso que denomina “Arqueología de imágenes”, ha recopilado a través del tiempo, como de su propia iconografía. En Alquimia, Garnica rinde homenaje a aquellas imágenes que han influenciado su trabajo: obras de grandes maestros del Renacimiento; antiguos manuscritos de los que rescata trazos caligráficos; grabados; imágenes religiosas; glifos mayas; tratados de anatomía; esquemas de proporción; signos y símbolos de actualidad; fotografías; elementos del manga en su versión hentai (comic erótico japonés); e imágenes anónimas de procedencias culturales diversas; todas éstas, de dominio público y al alcance de todos.
A través de un proceso de elección arbitrario Garnica retoma estas imágenes, las descontextualiza y las inserta en ambientes fantásticos en las que conviven con elementos provenientes de su propia imaginería. Este reciclaje y la combinación que hace de ellas sobre un mismo plano le permiten jugar con la idea imagen-significado. El aspecto lúdico se muestra, tanto en la construcción de la imagen, como en la interpretación que pueda hacer el observador.
El acercar al público a una imagen conocida de antemano, matiza la experiencia estética y provoca una apropiación temporal de la obra, lo que implica una resignificación a partir de la composición total en que se encuentra inserta. La polisemia de las imágenes de Garnica depende de la lectura que cada uno de los espectadores haga de ellas, no existe un significado implantado por el autor difícil de descubrir o que conduzca a una total incomprensión de las obras, basta con pararse frente a ellas y mirarlas con detenimiento. Los títulos resultan una clave interesante para su comprensión. Algunos están cargados de cierta ironía (Melón en el horno), otros dirigen nuestra atención a ciertos elementos que no conforman el punto de mayor atención (Ranas).
La transgresión y la resignificación de símbolos han sido una constante dentro de la obra de Enrique Garnica; en Alquimia los símbolos forman parte de una sátira. Esta característica conduce al espectador a través de distintas emociones (risa, agresión, rechazo, dolor), producidas por los contrastes representados dentro de la temática de las obras.
Formalmente, las composiciones presentan un gran horror al vacío. Las imágenes se encuentran saturadas y sobrecargadas, tanto de elementos formales, como decorativos. El manejo de esquemas de proporción y representación renacentistas, ambientes medievales, fragmentos de manuscritos y rúbricas, fotografías y seres alienígenos brindan cierto carácter atemporal a la obra, permitiendo que la imaginación vuele, para pensarla como una imagen que viene del pasado remoto o del futuro lejano.
El vínculo que Garnica establece entre las imágenes a partir de líneas rectas que parten de puntos específicos de la anatomía de los personajes y que van de unos a otros, o de símbolos que se encuentran acomodados en la periferia y que atraviesan de lado a lado como en Sagrado corazón, provoca una sensación de orden dentro del caos. El desorden de la imagen se estabiliza con la idea de que existe un esquema o estructura interna que intenta explicar la composición o al menos, la naturaleza de los elementos representados. La presencia de diagramas fortalece lo ilusorio de la imagen.
Después de un amplio recorrido por las artes plásticas, Arqueología de las imágenes es el segundo proyecto digital de Enrique Garnica. En esta muestra de collage el mensaje visual es lo más importante. La imagen en sí misma, como composición completa. El resultado final: alquimia para los ojos.
Enrique Garnica, arqueología de la imagen
Extracto
Ramón Almela.
…. Enrique Garnica opera desde la penetración crítica del estado de la realidad. Sus producciones son un caleidoscopio de lo percibido entre el mirarse y el mirar. Selecciona desde su percepción las imágenes que le sirven para la definición de su propia esencia provocando reacciones en el espectador al encuentro de su obra. Sus imágenes funcionan como estímulos. La yuxtaposición de figuraciones místicas y religiosas con imágenes científicas o fantasiosas y fotográficas del entorno real sirven de cauce reflexivo al atrapar e impactar al espectador con su espectacularidad y significación plural.
…Garnica explora el acervo icónico del inmenso repertorio de la imagosfera en la que estamos inmersos apropiándose de las mismas, como él mismo declara: "La imagen es de quien la trabaja".



