¿Quién administra el infierno?
2015

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¿Quién administra el infierno?

Enrique Garnica

Las expresiones “México está que arde”, “México es un infierno”, México es un polvorín”, “México es un reguero de pólvora”, “México no tarda en explotar”, “El dolor quema el alma” y la pira en la que supuestamente quemaron a los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa dan pie para crear un proyecto de 7 obras que parten del elemento fuego y que abordan la situación socio-política de México desde mi óptica y mis preocupaciones. Son obras que se acercan a la esfera de la reflexión cuestionamiento y repudio sin alejarse de la contemplación estética tradicional, que en cierta manera reflejen episodios o situaciones socio-políticas de nuestro país.

El proyecto consta de 5 piezas de gráfica y 2 de grabado con cerámica. Con este proyecto trato de exhibir la violación de los derechos humanos, la brutalidad con que actúan los cuerpos de seguridad nacional, la corrupción, la impunidad y el ocultamiento de la verdad, generando una amalgama de “sentimientos encontrados” que confluyan en la reflexión, cuestionamiento y repudio a estas prácticas por parte de un gobierno fallido.

Partiendo de la proposición: Condenemos el salvajismo desde la postura de lo estético, “¿Quién administra el infierno?” es una burla mordaz con la que se pretende dar a entender la complicidad Estado-crimen organizado y cuestionar donde empieza el gobierno y donde termina el crimen organizado o viceversa, para manifestar disconformidad.

¿Quién administra el infierno?

Existe una historia que habla de la confesión que Xavier Villaurrutia le hizo a Octavio Paz cuando conoció su departamento, ésta afirma que le confesó: “para soportar a México he tenido que construirme este refugio artificial”, pienso en el sentido de la frase y la representación de una persona al afirmar que, debido a que está en desacuerdo con el lugar en el que vive, se ha visto en la obligación de edificar un oasis que le permita “desarraigarse” del sitio al que pertenece. ¿Cuántos de nosotros no nos hemos construido pequeñas islas donde asirnos de la barbarie? La premisa igual me lleva a pensar en el país en que vivimos, donde la realidad es tan cruel como caliente es la sangre derramada en el asfalto, formando imágenes de un tapete en el cual yacen cabezas y extremidades como floreros debajo de un anuncio con faltas de ortografía que señala un código territorial.

Dada la tecnificación y racionalización exacerbadas del terror como herramienta de enriquecimiento, la vida y el cuerpo, como continente de ésta, se colocan en el centro del problema del Capitalismo Gore. Es necesario hablar del cuerpo, de la violencia ejercida contra él, sufrida en él. La carne viva que se abre no es una metáfora melodramática, porque sobre todo, no es en ninguna instancia, una metáfora. La importancia de un cuerpo muerto no se reduce a una imagen de dos segundos en una tarde de zapping televisivo. La carne y sus heridas son reales[1], los muertos son reales, el desencanto, la apatia, la innercia de vivir por vivir, de mirar y quedarse callado lo es todo ahora. No podría ser de otra forma, el heroísmo tradicional está pasado de moda. Las gestas y los valerosos paladines se quedaron atorados en los libros de historia y en los cantares de la Edad Media. Desde el siglo XIX y principalmente en el siglo XX, el heroísmo no consistió en fundar naciones, sino en resistir el peso de la historia y mantenerse a flote. Ésta es quizá, la forma más sencilla para definir lo ya escrito en la alegoría que da el sustento de la última exposición de Enrique Garnica: “¿Quién administra el infierno?”, la cual se presentó en las galerías del Museo Casa Diego Rivera de la Ciudad de Guanajuato y en el Centro de la Imagen de Salamanca, como parte del 43º Festival Cervantino en el año 2017, es importante apuntar que en aquel año, los organizadores decidieron no usar el número 43 en la imagen institucional del festival, esto por la relación con el caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, acto que también sirvió para cerrar la imagen poética que el autor pachuqueño estaba creando en el concepto artístico del proyecto.

Las siete piezas que conforman este rompecabezas ideológico fueron creadas en el Centro de la Imagen de Salamanca por una invitación del Instituto Estatal de Cultura de Guanajuato para desarrollar un proyecto híbrido de cerámica y grabado. Su ADN son las preocupaciones estéticas de un hondo calado social de Garnica Ortega. Las piezas se entrelazan para amalgamar una sola obra que exhibe la violación de los derechos humanos, la brutalidad con que actúan los cuerpos de seguridad nacional, la corrupción, la impunidad y el ocultamiento de la verdad, generando una aleación de “sentimientos encontrados” que confluyen en la reflexión, cuestionamiento y repudio a estas prácticas por parte de un gobierno fallido y una sociedad apabullada.

Chapo Bros

En el año 2009, Joaquín “El Chapo Guzmán” adquirió una Colt 45 modelo Gold Cup, de uso exclusivo del ejército, valuada en 303 mil dólares, la pistola, además de tener incrustaciones de oro y diamantes, en el cañón tiene una placa rectangular con la leyenda “billionarie phorbes 701″ que hace referencia a la posición que “El Chapo Guzmán” obtuvo en la lista que hizo la revista Forbes, sobre los hombres más ricos del mundo. Esta arma, además de ser una apología del narcotráfico, es una muestra tácita de que la excentricidad y el deseo por dejar patente el poderío en objetos materiales y armas de alto calibre es hoy en día una divisa y un aliciente. El arma significa la entronación del narcotraficante como único modelo aspiracional para las nuevas generaciones; para las generaciones prexistentes es la materialización de la violencia y el temor como poder supremo sobre todas las instituciones y organizaciones: el poder de un ente que lo observa todo y todo lo poseé. En su obra, Enrique Garnica hace la suerte de un doppelgänger de esto, colocando a un icono del mítico personaje de videojuegos de los años ochenta, Mario Bros, como una sátira de un hombre feliz que va en busca de aventuras para rescatar una princesa a lo largo de mundos donde contiende con la naturaleza y dragones, para ello, en la pieza, el ídolo de caricatura infantil permuta sus municiones por ármas largas y granadas en un laberinto edificado con rifles Kalashnikov, ahí deja un rastro indeleble de sangre: la materialización plena de los tributos que habrá que pagar por ser quien cruce el paso para llegar al otro lado del infierno.

Jefe de jefes

Referentes de la iconografía religiosa, la sátira y la crítica social son, quizá, los tres elementos de la santísima trinidad de la imaginería de Enrique Garnica. En su obra es común observar santos vueltos demonios, la canonización de sus amigos como integrantes de escenas costumbristas y la reapropicación de obras clásicas del arte que conviven con piezas pop y figuras de la tradición popular mexicana. “Jefe de Jefes”, por su parte es una muestra de la conjunción de estos elementos al estructurar una figura de rectángulos de neumáticos que a su vez es la representación de la Piramide de Maslow, la cual es coronada con una pieza triangular que nos remite inevitablemente a la Sagrada Familia de la iglesia católica. De esta manera, lo que observamos se nos presenta como un recordatorio de que el camino hacia la opulencia y el exceso está asfaltado por el paso de la violencia.

La mentira histórica/ Ya estoy cansado

La publicidad y la propaganda, los medios de comunicación de masas y el negocio del entertainment movilizan ingentes energías para crear mitos a escala industrial. Tanto más es destacar su fracaso. Ello se explica en primer lugar por su misión. La industria ha de suministrar mitos de uso diario, de hoy para mañana; su mercado exige un rápido lanzamiento de ídolos, sean estrellas de cine, deportistas o políticos; de ahí que la calidad del olvido forme parte, desde un principio, de la especificación del producto. Aquí existe una contradicción; pues lo esencial de la conciencia mitológica es la memoria. De aquí que la industria sólo pueda ya suministrar sucedáneos en la memoria colectiva. Las primeras dos décadas del siglo XXI nos han dejado de manifiesto que las cortinas de humo ya no son suficientes para la validación del mensaje hegemónico del gobierno, por ello, la representación de Garnica en esta pieza es la manifestación gráfica del antiguo arquetipo de comunicación del regimen político mexicano. Los cuerpos desmembrados de una bandera tricolor fundiendose en un nebuloso marasmo de neumáticos y osamentas nos hacen pensar en la única verdad persistente: vivimos en un Estado fallido.

Semillas

La soledad y la destrucción predominan en un corazón que sobresale de la obra, en ella se nos impregna una parafrasis a Villaurrutia: “en momentos como los que ahora vivimos, la muerte es lo único que no le pueden quitar al hombre”; pero también, el juego bitonal de la pieza describe y expone la esperanza que germina buscando ser justicia, nombre y acción. La frase: “nos enterraron vivos, pero no sabían que éramos semillas”, visibiliza y hace presentes a los muertos, desaparecidos y a sus deudos. Del jardín de las cenizas que se observan en sus cimientos se llerguen las flores del alma de los caídos, con ellas se adorna el presente y se recuerda el pasado que es fístula que no sanará y tampoco, nunca, dejará de doler.

Requiem

En México, la canonización de los narcotraficantes dentro de la pirámide social como entes paternalistas que suplantan al gobierno, creando cotos de poder que sirven como gobiernos alternos es tan vieja como la creación de programas sociales para el desarrollo. Ambos casos se han caracterizado por enfatizar las desigualdades y crear pequeños cotos de poder. Desde los años 60 del siglo pasado, la oligarquia del crimen organizado y de la clase política-económica asesinó a la clase media heredando un territorio provisto de hambre, sangre y destrucción. Garnica crea una bandera para esta Nación/Realidad y enmarca en ella a la riqueza que llena las arcas de la misma.

¿Quién administra el infierno?

Entre 1790 y 1793, el poeta, pintor y grabador británico, William Blake, realizó una serie de grabados sobre un poema intitulado “The Marriage of Heaven and Hell”, en él están incluidos los versos: Ahora, la serpiente hipócrita camina / en dulce humildad / y el susto se encoleriza en los desiertos / donde vagan los leones”, mismos qué, curiosamente, son un guión de la película proyectada en el mapa del territorio de nuestro país sobre la pieza que da título al proyecto gráfico de Enrique Garnica. La obra también es una cartografia de la declaración de intenciones que realizó cuando fue invitado para realizar el proyecto como parte del Festival Internacional Cervantino del año 2017, donde se puede leer: “El arte contemporáneo —que por su naturaleza se acerca más a la esfera de la reflexión que a la de la contemplación estética tradicional— está estrechamente ligado a la realidad sociopolítica y sobre todo tiene la capacidad de entrar y salir de la esfera de la participación política por medio de actos estéticos determinados o bien por la producción de obras artísticas que en cierta manera reflejen episodios o situaciones políticas. Me considero un artista con compromisos estéticos y sociales y creo en el poder de la expresión creativa para lograr de alguna manera (aunque sea mínima) el cambio social. Por lo tanto, creo que en esta etapa de desestabilidad política y social en que impera un descontento, es importante responsabilizarme de mi compromiso histórico como integrante de esta sociedad y como artista usar mi lenguaje para intentar, desde mi postura, proponer un camino de paz y de justicia; mediante la construcción de una pieza que “retrate” mi percepción y preocupación a esta situación sociopolítica actual para levantar la “voz”, como un reclamo, como una protesta”. Esta visión, y en sí, la obra en su conjunto, son una manifestación que se pregunta con seguridad: en estos restos que nos han heredado, entre el suelo y el cielo ¿Quién administra el infierno?

Daniel Fragoso Torres

[1] Valencia, Sayak. Capitalismo Gore. Ed. Melusina. 2010

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