
Pachubanos
1997
Pachubanos
(extracto)
Juan Antonio Molina
Las recientes pinturas de Enrique Garnica son cuadros de un expresionismo sombrío en los que se combina una figuración grotesca con situaciones surrealistas, donde cada imagen es un símbolo muy preciso.
Esa es la línea expresiva que él había seguido en el mural que realizara en diciembre pasado. La diferencia es que ahora, libre de las condiciones que impone el formato monumental, sus nuevos cuadros logran ser más sintéticos. “Las historias de mis amigos” es una serie donde Garnica representa algunas historias que sus amigos le han contado referentes a ellos mismos o a otras personas. También está reflejada la manera en que Garnica ha interpretado esas historias. En otros casos, simplemente trata de hacer un “retrato” de un personaje, pero a partir del conflicto de éste. Es como una manera de captar la identidad de alguien, investigando su sicología, sus conductas, y con ayuda de sus propios testimonios, pero sin recurrir para nada a su fisonomía como es usual en los trabajos de Garnica, estos cuadros permiten reflexionar sobre cuestiones éticas. Algunas de estas obras me recuerdan el expresionismo “duro” de la pintora cubana Antonia Eiriz a principios de los años 60. No creo que Garnica haya tenido mucho contacto con la pintura de Antonia, pero lo que sí es indiscutible es la influencia que ha recibido del arte cubano, durante sus frecuentes visitas a la isla y su participación en talleres organizados en La Habana. Garnica comparte con los jóvenes artistas cubanos una sensibilidad abierta al universo más cotidiano y una tendencia a las generalizaciones y las abstracciones conceptuales. De tal combinación sale esa mezcla de cuestiones políticas, domésticas e intimistas que trata en sus cuadros, en un modo conceptualmente más cercano a cubanos como Ibrahim Miranda o Sandra Cevallos, que a otras tendencias contemporáneas del arte mexicano...



