Composta
2000

Compost@

Suelo compartir con Enrique Garnica largas charlas en su taller de diseño. Apenas si por momentos aparta la mirada de su computadora, pero ello no quiere decir que no preste atención, sino por el contrario, ese aparato, hoy tan cotidiano, ha sido el puente para conectar dos realidades complementarias: la que tiene que ver con el oficio de sobrevivir en la convivencia y la que se gesta dentro del compromiso de la creación.

Ciertos temas aparecen continuamente y conforman ese multiforme collage de las obsesiones. Algunos tópicos recurrentes nos mueven a pensar el mundo de hoy y a enfrentar demonios del pensamiento que nos son comunes por el simple hecho de compartir tiempo y espacio. La existencia desgasta y junto a Garnica contemplo la transformación del mundo como lo conocíamos, para recibir una modernidad que se convierte más en una enfermedad crónica que en un estado pleno de salud. Hemos visto caer las fronteras, la desaparición de países, el alud de la tecnología y una catarata de acontecimientos a los que de ningún modo somos ajenos.

De ahí que surja la interrogante, ¿cómo debe en estos momentos asumir los acontecimientos un artista? El pasado aparece como un pesado lastre para quien como Garnica ha hecho de la actividad plástica un instrumento de combate y de denuncia, un frente para criticar con rabia el demacrado estado de las cosas. El arte público, las consignas sociales y el artista como militante ideológico son ciertos paradigmas que puntillean sobre la conciencia de un Enrique Garnica del nuevo siglo. ¿Hacia dónde debe dirigirse la creación ante el umbral del tercer milenio?

Cada uno se lleva las preguntas a sus propios espacios, y días después regresamos para seguir tallando esa rugosa y áspera roca mental. Por mi parte busco elementos que den sentido a nuestra posición, asumo el reto de dar explicaciones y poder describir la senda que recorre el trabajo reciente de un creador incansable y testarudo como lo es Enrique. Unas horas antes de un nuevo encuentro, el azar se muestra condescendiente y me pone frente a las palabras de otro grande, el escritor argentino Ernesto Sábato, quien comparte con su compatriota Jorge Luis Borges el infortunio de perder paulatinamente la vista y con ello, la capacidad de lectura y escritura, nada peor para quien se dedica al estudio y ejercicio de la lengua. A la pregunta expresa de ¿cómo se hace para creer? Sábato vierte una respuesta que ahora cito para responder a la preocupación de Garnica: ”En la resistencia habita la esperanza. La esperanza es insensata. Por algo hay multitudes de seres humanos que trabajan y siguen a la espera como centinelas. Después está el arte. El arte salva. A mí me salvo la pintura, porque para pintar hay que sentir”.

De tal suerte, que ese enfrentamiento con la experiencia sensible marque la ruta por la que el artista ha de explorar lo desconocido. En estos momentos, el compromiso del artista está sólo consigo mismo, en resolver los enigmas que su propio trabajo presenta para poder llegar a la expresión pura del ser, para permanecer consecuente con las exigencias intimas, aunque la persona se encuentre inmersa en un mundo que exige posturas. Si bien el individuo seguirá teniendo posiciones políticas y sociales, no debe dejar que éstas condicionen su obra y la conviertan en un manifiesto o un panfleto. Tantas vanguardias e ismos han encadenado a muchos creadores, convirtiéndoles en líderes de masas o profetas místicos que supeditaron el trabajo plástico a las condiciones y exigencias que requería el personaje que representaban -y muchos siguen representando--.

Estamos ante un punto de quiebre de las ideas, muchos apostamos por la renovación, por evitar el anquilosamiento y la repetición, por habitar el mundo sin abandonar la aldea, de ahí que la relación con la tecnología se convierta en un vaso comunicante con una sociedad evidentemente más globalizada, amada y odiada simultáneamente. Enrique Garnica siente el embate de la temporalidad, por lo que ha dejado atrás el abatimiento de haber vaciado su sentir sobre una obra mural que albergaba fuertes dosis de crítica social para sumergirse ahora en la práctica de la composición digital. Es un avezado y magnifico dibujante a pulso que somete sus cualidades físicas a las posibilidades que el ordenador ofrece. En éste umbral se debate el más reciente reto plástico de Garnica, utilizar la tecnología no como un anacrónico intento de vanguardia sino como un recurso más, inherente a la actualidad y aunado a la transformación de los grandes formatos en espacios virtuales, paradójicamente más reducidos. En ambos sentidos, lo público se convierte en lo intimo y los alegatos comunitarios en un grito sordo y solitario.

El cambio alienta y antecede a las grandes decisiones, el artista requiere de valor para superar la pesadumbre y la amargura del ese alud llamado globalización. Pese a todo, Garnica comparte con Sábato, la fe en la resistencia y en que nada, incluyendo la tecnología, desperdicie la gracia de los pequeños momentos de libertad que podamos gozar.

Así nace COMPOST@, como una necesidad de ser consciente del valor del reciclaje en nuestras vidas, pero canalizado de tal forma que exista posibilidad de supervivencia ante un paisaje marcadamente trágico del entorno actual. En lo formal, ya he señalado el sustento y la pretensión de la producción reciente, en lo sucesivo haré referencia al fondo y a las constantes que conforman el lenguaje plástico de Enrique Garnica. Así, la estructura de éste aparato de reciclaje quedará al descubierto a partir del conocimiento de los elementos que se han colocado en su interior.

Además del debate alrededor de la ética del artista, Enrique se encuentra sometido a la avasallante descomposición en que se encuentran los cuerpos sociales. Como todo artista que se respete, es un observador atento que examina minuciosamente las expresiones del planeta y es susceptible de verse afectado por sus proposiciones. Garnica se da cuenta del acelerado ritmo de vida, la impresionante sucesión de imágenes que vomitan los medios audiovisuales y de la transformación de sus mismos lenguajes. Es testigo del imperio de violencia en que se ha convertido el circo mediático. Se ha dado cuenta de la gran cantidad de material de desecho acumulado, pero antes de dejarse enterrar en medio de los desperdicios, ha preferido construir una maquina capaz de cambiar el estado de putrefacción de sus componentes y obtener un producto distinto y útil.

En COMPOSTA@ tanto el ser humano como la zoología que la conforma aparecen atrapados en espacios cerrados; son escenas que constriñen a sus personajes a sus propias condenas y paradojas. Los significados no aparecen a flor de piel, exigen que sean mirados con atención para liberar a las figuras presas. El trabajo de Enrique Garnica, ferozmente inteligente, es regido por una fuerza plástica en su lenguaje que parece fustigar a la hoja en que fue impreso, y el hecho de contemplarlo por primera vez se convierte en un acontecimiento memorable. En cierto momento se siente la misma extrañeza y entusiasmo que uno experimenta al descubrir la obra del cubano José Bedia o del inglés Francis Bacon.

Pese a no constituir imágenes completamente explícitas, en ellas el espectador se da cuenta que Garnica no olvida nada, no perdona nada. La agonía del mundo y sus propias experiencias son temas obsesivos que se reiteran a lo largo de toda su obra. Pocas obras tan furiosas como las suyas, tan absolutamente inspiradas en la desesperación y la angustia. Enrique se enfrenta al dragón de su pasado y corre el riesgo de que al final éste lo devore.

Aunque muchos de sus protagonistas se muestran cautivos, en cada obra existe disimulada una posibilidad de fuga. Sin embargo, con está advertencia siempre presente, uno descubre elementos comunes a la mayor parte de las obras de Garnica: la fuerza contenida del lenguaje, la objetivación de una angustia íntima, el inusual distanciamiento logrado entre el sentimiento personal y la imagen obtenida.

Lo más importante de éste conjunto y su lenguaje es la precisión. No transfigura, no poetiza, nombra y compone, intenta medir el ámbito de lo supuesto y lo posible. Está idea de lo posible es esencial en su trabajo. Nos brinda la forma de acceder a su concepción de la obra, a su visión de la realidad, ya que por sí misma se encuentra limitada, según Enrique, hay que buscarla, conquistarla… ganarla.

COMPOST@ define la ambigüedad de un mundo donde se han subvertido todos los valores. Es un balde de reciclaje, la plataforma para transformar la percepción, dado que nada permanece intacto, el movimiento constante de varios universos multiplica los signos y sus significados casi instantáneamente, estamos condenados a hurgar en cada momento y a encontrar aún en toda esa basura conceptual los elementos para expresar la propia vida y ocupar un lugar en el mundo. En COMPOST@ el espectador reconocerá esa sensación de necesidad. Estos dibujos digitales son algo más que simples artificios plásticos, son una forma de sobrevivir.

Estoy convencido que éstas palabras no encierran nada terminante ni acabado, queda aun mucho por decir, más tardes de largas conversaciones con Sábato y Garnica, pese a saber que el arte no puede recuperar un mundo perdido, que sólo se limita a confirmar lo supuesto, a intuir lo posible y a esbozar la sobrevivencia mediante su ejercicio, ya buscaremos nuevas conversaciones, en las condiciones que sean, ante la cotidianidad o aunque el mundo hubiese desaparecido, siempre existirá la posibilidad de compartir, ya que como dice el poeta rumano Paul Celan:

Tú eras mi muerte,

Mientras todo se escapaba

A ti te podría retener.

Juan Carlos Hidalgo.

Esa “intensidad” del querer entender

Una constante en la obra de Enrique Garnica, es sin duda, la de “hablar gráficamente” de su fuero interno, de su intento de abrir la caja de pandora, tan común en todos, pero excepcional en cada uno. Es aquí donde al hablar de sí mismo, cita y se relaciona con los demás.

Su participación como productor gráfico-plástico del software, es acertada, ya que la crisis de nuestro tiempo (con un antepasado inmediato, como lo fue el mecanicismo del siglo XIX) se manifiesta como una lucha entre un nuevo y mas amplio sentido de lo universal, que al evolucionar determina cierto predominio de las doctrinas irracionalistas, como diría Jorge Romero Brest, en simbolismo de lo irracional; “éstas son las que parecen predominar, tanto en el aspecto psicológico (psicoanálisis), como en el metafísico (existencialismo) y probablemente predominen de pleno derecho en las próximas décadas...” Fuerzas telúricas de lo íntimo, que permitirán un nuevo equilibrio y desemboquemos en el racionalismo otra vez.

Es en éste siglo XX, periodo de grandes cambios científico-culturales, ideológicos y artísticos, donde se gesta un racionalismo (sensibilidad no puramente Kantiana de la percepción del objeto) propio del desarrollo de la ciencia y el saber (gnoseología) en que entra la producción de Garnica, aprovecha éstas nuevas alternativas de comunicación como son la tv., el software y la obra gráfica del grabado. Medios de expresión y comunicación que no difieren cualitativamente mas que lo cuantitativo. Por un lado la impresión láser como parte de su creación compositiva del formato, por otro, crea imágenes con connotaciones simbólicas, retoma los objetos (como icono en algunas, como signos o símbolos en otras) que Kasimir Malevitzh (1913) destierra con el suprematismo ruso, crea relaciones con los significantes de los objetos representados, sensibiliza al espectador a través de la reflexión y el análisis, invita, motiva, forza al observador al trabajo cerebral, el cual gracias al grado de conocimiento cultural y personal, descifrará e iluminará su comprensión sobre el mensaje de las obras de Garnica.

De esa “intensidad” del querer entender, Enrique crea un puente, entre él y el espectador, entre su obra y el observador, entre el proceso del pensamiento y el propio ser, saca de esa caja del subconsciente freudiano todo lo reprimido y del inconsciente expuesto por Jung, todo el potencial que no expresamos, ya sea por la misma culturización o los parámetros del arte mismo.

Es en ésta alternativa (no nueva, sino como una clara evolución de su búsqueda en la producción plástica) que nos muestra una clara visión del aprovechamiento de su oficio (impresor), de los canales que ofrecen los actuales medios modernos de comunicación, de las nuevas herramientas y que por ende crean nuevas técnica de representación y expresión, que Enrique Garnica, que como parte de ese puntual de un gran iceberg de artistas de “época de cambio”, ofrecen una nueva visión de como hacer arte.

Vikthor Shak.

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